Premio Sor Juana 2018 Maestra Irene Patricia Valdez y Alfaro (Fuente)


Con la mentalidad de que el esfuerzo, la preparación constante y el apoyo de la familia son elementos de una fórmula para alcanzar el éxito, la maestra Irene Patricia Valdez y Alfaro, coordinadora de Cómputo en la División de Ciencias Básicas (DCB), obtuvo el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2018, que otorga la UNAM para reconocer a las profesoras de cada dependencia que han destacado en las labores de docencia, investigación y difusión de la cultura, contribuyendo de manera sobresaliente al cumplimiento de las funciones sustantivas.

La historia de la maestra Irene Valdez en la ingeniería comenzó en la Preparatoria 2, Erasmo Castellanos Quinto, durante sus clases de Cálculo con el profesor Delfino, a quien recuerda gratamente porque la orientó para estudiar en la Facultad de Ingeniería al notar sus aptitudes. "Cuando llegó el momento de anotar mis opciones de licenciatura en la boleta (entre ellas arquitectura y antropología), el consejo y clases de mi profesor Delfino vinieron a mi mente y me decidí por ingeniería", relató.

De esta manera entró a la carrera de Ingeniería Mecánica Eléctrica, en el área de Industrial, distinguiéndose por hacer preguntas en todo momento: "Para mis compañeros y profesores era la preguntona y siempre me decían que parara, sin embargo, siempre fui muy inquisitiva para tener muy claro lo que me decían", narró de forma simpática. Además, aclaró que desde el bachillerato fue tres años mayor que sus compañeros porque pospuso sus estudios para trabajar y eso le sirvió para tener una mentalidad más centrada.

A la mitad de la licenciatura, Irene Valdez se embarazó de su primer hijo, una etapa que disfrutó a pesar de las desveladas por conjuntar escuela, trabajo, y cuidado del bebé. "A veces las mujeres debemos esforzarnos un poco más", comentó.

Durante ese periodo, trabajó en una casa de materiales para construcción como encargada del inventario y era dibujante para artículos publicitarios, tarjetas y facturas. Posteriormente, entraría a una compañía de pinturas, donde vivió una situación lamentable de discriminación por motivos de género, ya que le solicitaron elaborar un proyecto y no le permitieron concretarlo porque la mayoría del personal era masculino: "Le pusieron trabas y le hablaron a mi jefe para que otra persona lo ejecutara; me quedé en shock, pero en breve me recuperé.", expresa.

Unos años después, decidió continuar sus estudios de maestría, interrumpidos por la llegada de un segundo hijo y su trabajo. Se trataba del posgrado en línea Tecnologías de la Información y Comunicación Aplicadas a la Educación, de la Universidad Autónoma de Barcelona, donde tuvo la oportunidad de conocer compañeros de Venezuela, Colombia, Perú, España y Chile. "Compartimos muchas experiencias y conocimientos cuando trabajábamos en equipo, fue enriquecedor". Esta maestría la complementaría con Tecnologías Avanzadas de Educación, un programa académico de la Universidad del Tepeyac.

Su experiencia en la docencia

Ejercer poco tiempo como profesora en la FI era la idea de Irene Valdez cuando comenzó a dar clases. Sin embargo, la docencia la atrapó y actualmente tiene una trayectoria de 25 años. "Inicié como ayudante de profesor y, siendo el ingeniero Bernardo Frontana de la Cruz jefe de la DCB, me incorporé a la jefatura. Gracias a él aprendí muchísimo, fue mi mentor académico", manifestó.

La primera materia que impartió fue Probabilidad. Ese día, cuenta, estaba muy orgullosa pero nerviosa de tener tantos alumnos que no creían que fuera la titular por su corta edad. Sin embargo, con el tiempo se fue habituando, atendiendo a la formación didáctica-pedagógica que tuvo.

"Todo el mundo es opiniones de pareceres tan varios, que lo que el uno que es negro, el otro prueba que es blanco". Este extracto del poema Finjamos que soy feliz, de Sor Juana Inés de la Cruz, se compara con la filosofía que la maestra Valdez aplica en la academia: no existe una verdad absoluta, siempre hay opiniones distintas y hay que enfocarse para conocerlas, como la ilustración que adorna su oficina: una rana en sentido horizontal; pero cuando se cambia a vertical, se observa un caballo. "Creo que no debemos prejuzgar a nadie, cada quien tiene su historia y puntos de vista".

Agregó que esta idea permite que su relación con sus alumnos sea buena, pues trata de escuchar, entender y ser empática con ellos y sus problemas.

Desde su incorporación a la docencia, Irene Valdez ha sido profesora en las materias de Geometría analítica, Computadoras y programación, Métodos numéricos, Probabilidad, Probabilidad y Estadística, Inferencia estadística, Ingeniería industrial y Estadística avanzada, en la DCB y en la DIMEI.

En la DCB ha sido administradora de Red, responsable de Cómputo Académico y actualmente coordinadora de Cómputo. Fue miembro del Consejo Consultivo de la División, y a partir de 2007 ocupó la Secretaría del Consejo Interno de Planeación Permanente; representante de la DCB en el Comité Asesor de Cómputo FI (1997 al 2007), y miembro del Subcomité de Enlace con los Proyectos Estratégicos del Plan de desarrollo FI. Asimismo, forma parte del Consejo Interno de Planeación Permanente de la DCB y del Consejo de Comunicación de la FI.

Paralelamente, ha organizado diversos cursos y talleres para profesores de licenciatura y bachillerato, enfocándose en la integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación en el proceso enseñanza-aprendizaje escolarizado de las Ciencias Básicas, y coadyuva en eventos especiales, como lo fueron recientemente los 50 años de la DCB y el Coloquio Compartiendo Experiencias en Enseñanza Basadas en TIC.

Orgullosamente, la maestra Irene Valdez afirma que es "puma de nacimiento", y para ilustrarlo compartió la anécdota de que su mamá, empleada de esta universidad, la llevaba al trabajo recién nacida y la dormía en unos archiveros de su adscripción, después a la guardería, primaria e Iniciación Universitaria, e Irene continuó la manufactura "hecha en CU" en la Preparatoria 2, la Facultad de Ingeniería y finalmente como académica en la DCB.

Premio Sor Juana: un ejemplo

Un pequeño marco hecho de fotografías rodeando un dibujo pende de la pared en la oficina de la maestra Irene, lo cual da la pauta para que la maestra Valdez hable de su familia, sus alumnos y el premio: "Mi niña de 10 años me lo hizo; somos muy apegadas y disfruto el tiempo que compartimos".

Para Irene Valdez, la obtención del Premio Sor Juana Inés de la Cruz significa ser un ejemplo a seguir para sus hijos: el mayor, ingeniero; el segundo, economista, y su hija menor que anhela ser veterinaria, a quienes les inculca la responsabilidad, el entusiasmo y compromiso.

A sus alumnos, los motiva a prepararse continuamente, pues les insiste que no basta con las clases en el aula, sino complementarse toda la vida. Además, está convencida de que se deben romper tabús, pues tanto hombres como mujeres tienen las mismas capacidades.

Celebra que en la actualidad las mujeres tienen más seguridad en sí mismas para ocupar puestos directivos. "Creo que, como mujer, te esfuerzas por demostrar que haces las cosas bien; somos muy responsables, detallistas y tenaces". Por una cuestión cultural, opina, se ha relegado a la mujer en las tareas domésticas, sin embargo, ahora los hombres también deben hacerlas. "Tuve la fortuna de contar con la ayuda de mi esposo y se lo agradezco, es un apoyo mutuo que nos ha permitido realizar nuestras metas".

La maestra Irene acepta con gratitud este galardón, pero con gran humildad reconoce que muchos de sus colaboradores, sin importar el género, también se lo merecen. "Es el trabajo y la aportación que hemos hecho a la Universidad, en correspondencia con lo mucho que nos ha dado", finalizó.

Fuente: http://www.comunicacionfi.unam.mx
Por: Jorge Contreras Martínez
Fotografía: Eduardo Martínez Cuautle