Mensaje del Dr. Sergio Alcocer Martínez de Castro por el Día del Ingeniero

/ Mensaje del Dr. Sergio Alcocer Martínez de Castro por el Día del Ingeniero

Discurso del Subsecretario de Planeación Energética y Desarrollo Tecnológico de la Secretaría de Energía, Doctor Sergio Alcocer Martínez de Castro, al participar con la representación del Presidente Felipe Calderón, en la celebración del Día del Ingeniero y toma de protesta de la XVI Comisión Ejecutiva de la Unión Mexicana de Asociaciones de Ingenieros A. C. (UMAI).


México, D.F., a 1 de julio de 2011.

 
Muy buenos días.

Dr. José Antonio Meade,
Secretario de Energía.

Nos complace enormemente que como único Secretario del Gabinete del Presidente nos acompañe, conociendo el interés y el aprecio que tiene usted por la ingeniería, doblemente nos sentimos reconocidos, muchísimas gracias por estar con nosotros.

Ing. Pablo Realpozo,
Presidente saliente del UMAI;df

Ing. Carlos Morales Gil,
Presidente entrante para el trienio 2011-2014;

Mtro. Antonio Vivanco,
Director General de la Comisión Federal de Electricidad;

Dr. Juan José Suárez Coppel,
Director General de Petróleos Mexicanos;

Ing. José Ramón Ardavín,
Director de Agua Potable y Saneamiento, de la Comisión Nacional del Agua;

Lic. Fausto Barajas,
Subsecretario de Estructura de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes;

Muchas gracias por darse la oportunidad para acompañar a los ingenieros en este día tan importante.
El ingeniero Alfredo Elías Ayub, muy apreciado y querido amigo de todos nosotros.

Dr. Humberto Marengo Mogollón,
Vicepresidente de la Academia de Ingeniería de México;

Presidentes y directores de Colegios, Asociaciones, Cámaras, Instituciones de Educación Superior e Investigación, firmas de ingeniería, empresas de construcción;

Ingenieras, ingenieros;

Señoras y señores.

Es para mí un honor dirigir estas palabras en representación del Señor Presidente de la República, licenciado Felipe Calderón Hinojosa quien, por mi conducto, les envía un respetuoso saludo y su más amplio reconocimiento por la labor que cotidianamente hacen a favor de México.

Me  enorgullece mucho poder ser parte de la celebración de  un gremio de mexicanos que ha sabido contribuir con creatividad y compromiso a la construcción de nuestro país.

Agradezco al ingeniero Pablo Realpozo del Castillo sus valiosos conceptos, así como su expresión de solidaridad y apoyo. Aprovecho la oportunidad, también, para felicitarlo sentidamente por su exitosa gestión al frente de la Unión Mexicana de Asociaciones de Ingenieros. Su liderazgo estuvo distinguido por dos elementos fundamentales: la vocación de servicio y la vocación de unión a favor de las mejores causas de nuestro gremio. Muchas felicidades y muchas gracias, ingeniero Realpozo.

De igual forma, agradezco al ingeniero Carlos Morales Gil por sus palabras, y lo felicito por encabezar a la UMAI. Me precio de conocer la trayectoria profesional y la calidad humana del ingeniero Morales, y eso me permite estar muy confiado en que la Unión podrá seguir representando dignamente a los ingenieros mexicanos.

El día de hoy, celebramos a los ingenieros. A quienes han sabido enfrentar y resolver satisfactoriamente los enormes retos que el país les ha demandado.

Es momento de celebrar, puesto que hemos cumplido con profesionalismo, técnica y calidad frente a las exigencias de nuestro entorno. Hemos sido actores del crecimiento económico, y de la generación de empleo y bienestar de nuestros compatriotas. Y muy especialmente, hemos prestado atención a aquellos que conforman los sectores más vulnerables de nuestra sociedad, los que menos tienen, los ancianos, las mujeres y los niños. Eso, colegas y amigos, es motivo de orgullo compartido y de satisfacción.

El Día del Ingeniero nos ofrece la oportunidad idónea para reflexionar sobre la ingeniería mexicana, sobre su presente y su futuro.

Permítaseme, entonces, hacer algunas consideraciones sobre el entorno mundial; nombrar lo que, a mi entender, son los cinco motores que impulsan a las sociedades contemporáneas.

El primer motor de transformación del orbe lo constituyen la automatización y la abundancia de productos y servicios. Este motor es, en buena parte, contribución de los ingenieros que tienen la responsabilidad del diseño y manufactura de productos y construcción de orbes.

Si bien los ingenieros los diseñan para cumplir una función específica, el público, los clientes los adquieren, cada vez más, por razones diferentes de su función, que ya dan por sentada. Actualmente, los productos son seleccionados por ser amigables con el ambiente, porque inspiran una sensación de calidad, o por expresar o incluir en su proceso de creación, elementos de justicia social, de equidad, de responsabilidad, de cuidado entre individuos y entre países.

El segundo motor de transformación lo representa la globalización de prácticamente todo: la economía, el conocimiento, la información, la tecnología.

Una expresión de la globalización, cercana a nuestro país, la constituye el surgimiento de los países conocidos como BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, que hasta hace algunos años no se distinguían por sus avances económicos ni industriales, pero que hoy son jugadores relevantes en el entorno mundial.

En el ámbito de la ingeniería, la globalización se expresa en la ingeniería concurrente en la cual un diseño es modificado en tiempo real por grupos de ingenieros en diferentes países e, incluso, en distintos husos horarios. O bien, en la tele-experimentación que permite a los investigadores en ingeniería dirigir los más complejos experimentos en laboratorios ubicados a miles de kilómetros de su cubículo.

El tercer motor es el cambio climático y la sostenibilidad. El cuidado del medio ambiente y la generación de energía limpia, por mencionar dos temas, son ahora demandas sociales en prácticamente todo el mundo, incluyendo a países con los niveles más bajos de desarrollo humano.

Hay una clara preocupación por la expoliación que se ha hecho de los recursos naturales, y que nos ha conducido a una emergencia medio-ambiental. El crecimiento industrial y las mejoras en nuestra calidad de vida se han alcanzado a un alto precio. Hoy, nuestra actitud nos llama a cuentas.

El cuarto motor que debemos considerar es la demografía. Mientras que en algunos países la población envejece sin un crecimiento poblacional armónico, en otros, como en México, la base de la pirámide demográfica es ancha y nos ofrece la oportunidad inmejorable de aprovechar a nuestra juventud, de prepararla, de escucharla y de darle espacios para su desarrollo, para formar el talento del futuro.

El quinto motor es la revolución de la comunicación a través del advenimiento de la sociedad electrónica. Nos enfrentamos ahora a servicios y objetos que funcionan gracias a plataformas electrónicas elaboradas con interacciones funcionales complejas y que, sumando los criterios de sostenibilidad, nos llevan a la transformación paulatina de aquella revolución de Gutenberg.

Es esta la era de la información, la del fin del predominio del Oeste, del  agotamiento de los combustibles fósiles como principales fuentes de energía, y de una sociedad  influida significativamente por la juventud.

Ante esta realidad, cabe entonces preguntarnos cómo debe ser la ingeniería mexicana de hoy y del futuro. Me anticipo en decirles que, como resulte, no será igual a la del pasado. Es decir, requiere renovarse y, en varios aspectos, reinventarse. Si no lo hacemos pronto, su deterioro será acelerado con las consecuencias previsibles.

Podemos afirmar que mientras más complejos sean los retos a los que nos enfrentamos, más importante será la ingeniería en la búsqueda de soluciones y respuestas. Por ello, la ingeniería mexicana requiere de una transfusión de optimismo y de confianza en sí misma y en el futuro, sin caer en la autocomplacencia a la que tan frecuentemente recurrimos. Pero eso no basta. Es necesario que las industrias, de la que la ingeniería mexicana es pilar, se transformen y piensen en las necesidades de la sociedad, innovando con calidad.

Es urgente que la práctica profesional de la ingeniería sea un agente de cambio, que aproveche las oportunidades de la era digital, y que procure  una presencia fuerte y clara en ámbitos relevantes como la tecnología, el intercambio de bienes y servicios, y en la política.

Requerimos hablar y practicar el lenguaje moderno, desarrollar una visión estratégica del nuevo entorno. Necesitamos que nuestros mejores ingenieros se hagan responsables de las generaciones jóvenes. Que sean generosos, que les transmitan sus conocimientos técnicos y su experiencia de vida en las aulas y en la práctica profesional.

Formemos al nuevo talento. Nuestro reto es que más y mejores alumnos estudien alguna disciplina de la ingeniería. Que sean seducidos por esta profesión tan noble, de la misma forma en la que nos sedujo a nosotros. 

Los jóvenes ingenieros, y aquellos que contamos ya con más edad, debemos de estar conscientes de que no todo es predecible. Los conflictos geopolíticos y sus consecuencias globales, así como los desastres, por citar dos ejemplos, son, en la mayoría de las veces, situaciones impredecibles, para las cuales el ingeniero debe de estar preparado.

Más aun, debe saber que el papel de la ingeniería es, precisamente, encontrar soluciones con información incompleta y en procesos de alta incertidumbre. La ingeniería es, en pocas palabras, la profesión que permite que las cosas sucedan.

Es momento de reconocer a los ingenieros mexicanos, cuyas contribuciones nos permiten gozar de infraestructura y servicios, que en muchos casos, son notables. Ingenieros esforzados y con un profundo compromiso social que han forjado una escuela que debemos honrar. Su trabajo nos inspira, nos da fuerza, nos da sentido de pertenencia,  y nos da certeza para nuevos retos.

Sin embargo, el pasado notable no es suficiente para alcanzar un futuro exitoso. No coincido con las soluciones mágicas que proclaman que para desarrollar nuestra ingeniería sólo basta con adoptar las costumbres y las modas del pasado. Recordemos que el mundo, México, ya cambiaron. Habrá que ser imaginativos, y claro, ingeniosos.

La ingeniería mexicana del presente y del futuro tiene que ser una actividad fundada en valores éticos. Resulta urgente, entonces, trazarnos un plan de trabajo, una hoja de ruta que guíe nuestra práctica. Al respecto, me permito sugerir cinco puntos que considero relevantes:

•    El primero de ellos es el apoyo a firmas de ingeniería mexicanas, a través de propiciar condiciones para su desarrollo, actualización y consolidación.
•    Segundo, la creación de programas de formación de talento especializado, de manera muy rigurosa, con la participación de sectores e instituciones relevantes.
•    Tercero, la conformación de clusters o consorcios empresa-universidad para el desarrollo de innovaciones tecnológicas que nos permitan competir favorablemente no sólo fuera de México, sino incluso dentro de nuestro propio país.
•    La creación de centros de investigación y formación de referencia nacional, mediante asociaciones gobierno-empresa-cuerpos gremiales-universidades, sería un cuarto punto.
•    El quinto punto sería la vinculación vigorosa de escuelas, empresas e instituciones gremiales con sus contrapartes en otros países. Debemos aprender y asimilar de los otros, pero también debemos compartir nuestro saber.

Apreciados colegas ingenieros, señoras y señores.

Si queremos que el futuro y el presente de la ingeniería mexicana sean exitosos, su práctica deberá de estar basada en la calidad y la innovación. En estos dos conceptos subyacen un sentido de urgencia y valores como la honestidad, la ética profesional y el compromiso social. 

En ello, debemos de estar unidos y abiertos al debate, a las nuevas ideas. Así, habremos de ser capaces de crear riqueza y bienestar comunitario, de reducir las disparidades sociales, y de darle poder a quienes están en desventaja. Contamos con un amplio inventario de instituciones que hemos forjado y administrado de buena manera. No las debilitemos.

La industria mexicana cuenta ya con un amplio número de empresas de alcance mundial. La globalización ha permitido que muchas de ellas sean competitivas en mercados extranjeros, y que ganen contratos significativos. La era en la que vivimos nos da nuevas herramientas.

Hay oportunidades para que la ingeniería mexicana juegue un papel destacado en el mundo y las debemos de tomar. Nuestra fuerza está aquí mismo, entre nosotros. Nuestra fuerza reside en los recursos humanos con los que contamos, en nuestro propio talento.

Estoy persuadido de que el futuro le depara grandes oportunidades y satisfacciones para la ingeniería mexicana. Los ingenieros mexicanos hemos sabido responder en tiempos difíciles.

Estoy seguro que lo haremos una vez más si no renunciamos a los valores que nos distinguen y si nos renovamos. No podemos darnos el lujo de fallarle a México. No lo haremos.

Enhorabuena, ingenieros. Muchas felicidades.

Sociedad de Exalumnos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México

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